Luz


Una luz queda flotando en el oscuro
me ha sumergido en ti cuando marchaba,
blando sigilo el pie de tu presencia 
cuando yo ni siquiera la pensaba.

Me das el pan que mueve mi existencia,
y luego el corazón me arrancas y devoras,
me brindas en tu copa inextricable
el jugo de tu luz y de tus sombras.

Eres el dios birrostro de mi aliento,
mueves en mí los mundos que fusionas,
te veo al cabo del miedo y la paloma,
todo sucede en ti por mi persona.

Eres Yahvé, Vishnú y Virgen María,
eres Alá, Cristo en el mar y el cántico de Krishna,
Brahma, Dios Padre, Eloheynu y la Luz en las Alturas,
en el nirvana llenas la nada de los Budas,
el Zeus renovado con Cronos que le empuja,
Espíritu del Santo y el Verbo que se anuncia.

Estás ahí porque yo mismo estoy entre tus nieblas,
nada podrías ver si mi ojo no te viera,
tus juegos inmortales de cuerpos resurrectos
no acaban mientras bogues  por mis venas.

Quiero acercarme a ti y me apartas al instante,
cuando ves que me alejo te vuelves y me esperas,
te escondes en el juego del vuelo de mis ascuas
mientras tu arpón del tiempo el cuerpo me traspasa.

Te entiendo y no te entiendo, qué más da,
infinitud de nombres de acompañan,
la vida de un humano diciéndolos no alcanza,
prefiero hallarte en la flor con su fragancia,
el corazón sincero, la mano que se ofrece,
el rumbo en las estrellas, el hijo que me abraza.







Kenshou


Miraba anoche el techo blanco de mi cuarto
en un hotel -¿de qué lugar?- tuve que situarlo
cuando pensé que estaba a 9000 kilómetros de casa,
mas percibí al instante - no pensé
que no me hallaba a ningún kilómetro de nada
sino más bien en la medida central de mi existencia
con elongadas redes que abarcan las distancias
que mi humano tamaño ha tendido en sus ilíadas.

Kenshou lo llama el budismo japonés
fulgor sobrevenido de evidencia
que se imprime en la mente cual relámpago
que invade todo el ser y luego cesa.

Quedó luego mi mente disuelta en laberintos
desvanecida en las causas de la tierra
en esta gran ilusión de espejo reflectante
en la que yo mismo creo la imagen que refleja
y satisfago mi obnublo en ausencia de mi centro.


                                        Loja, Ecuador, 27 de marzo de 2012


Desapego

Si yo escribo al hombre
no es por un cambio ventajoso, ni por fama,
no espero apologías ni un vaso de agua
-¿quién pagará al viento su proclama?-
tal vez me encontraré muy lejos de estas líneas
cuando tus ojos busquen detrás de las palabras.


Si yo riego el árbol
es porque veo sus hojas abrasadas
y mustia la corriente de su savia,
no por gozar su fruto ni su sombra
ni por la flor que envuelta en pétalos me amansa,
tal vez me encontraré muy lejos de estos campos
cuando las aves aniden al verde de sus ramas.